jueves, 1 de abril de 2010

Amortizar

Alguna vez escuche que el amor era la construcción del deseo y la atracción. Algo así como la unión sincronizada de aspectos sin nombre.
Amor parece ser el momento exacto donde una desconocida habita el registro permanente de la memoria inmediata y con un gesto, una palabra; se establece en tus recuerdos. Poco a poco empieza a ocupar los silencios, los segundos previos a dormir... los mejores sueños.
La ansiedad nace, te carcome y te inventa razones para buscar su voz, para rozarla sin querer, para hablar con absoluta seriedad de los vaivenes del tiempo. Y así llegan los nervios y las indecisiones; tartamudeas en pensamientos y si la autoestima no esta fuerte, dudas hasta del color de tu piel.
Alguna vez escuche que el amor es una enfermedad, un virus que todo lo altera. Que idiotiza lo simple, enloqueciendo la lógica y al más cuerdo. Te enreda y es tu cabeza la que no encuentra algo que no sea de ella. Es el virus de la obsesión sana, el permiso para ser un enfermo socialmente apto. Te convierte en un ser mono temático, monótono; mono. Un mono que vive el idílico y fantasioso mundo del amor. Que camina a centímetros de la nada, que no roza lo concreto y mucho menos la razón.
Alguna vez escuche que el amor no existe, que es una ilusión. Que es la utopía de los urbanos, los hombres grises que viajan apretados y sudan desolación. Que es el sueño de los mareados, los atontados que vagan entre la oscuridad y el desvelo. Que es el motor de los poetas muertos y la ceniza que deja el viento.
Alguna vez escuche que dos se miraron a los ojos, se miraron fijamente y en silencio encontraron la razón para volver a mirarse, para sonreír sin sentido y abrazarse sin miedo. Para vivir el momento en que los latidos hacen un camino y viajan a la par. Y de dos fueron uno y de uno a la eternidad.

martes, 23 de marzo de 2010

Duelo por los que no están.

El hilo de luz nacía cerca de la ventana, entre orificios, formando una línea que atravesaba la cortina, la mesa y el sillón; entraba en la cocina, se escondía en el cuarto y se dormía (de a ratos) en la planta de mis pies. Traía una calidez que había olvidado y sin darme cuenta, me hacía sonreír. No perdía las ganas de jugar. Y todo volvía a estar bien.
Sigue ahí y nada puede borrarla. Permanece; suspendida en cada brillo, siendo parte del sol.

lunes, 15 de marzo de 2010

Proyecciones

Ella me dijo: Vos sos "muy" Brasil.
Y yo, que dudaba entre mis puertos, no supe responder.

Tiempo después nos volvimos a ver y ella con una linda sonrisa me hizo sentir tan bien, que mi deseo fue el de no romper el hechizo, no defraudar esa proyección con un colectivo de larga distancia pisando arena marrón.
Quiero vivir en el reflejo de esos ojos y en cada cruce de miradas ser "Caribe, Brasil y Jhonny Depp en una hamaca".

jueves, 28 de enero de 2010

Nada es permanente

Nada es permanente. Y no pude sostenerte. Te perdí sin darme cuenta. Por culpa de olvidarnos, el enojo parece una mentira y porque todo se evapora nace un nuevo día.
Nada es permanente y me adueño de las cosas, hablo desde el YO construyendo invisibles; me afianzo y desvanezco. Lo que veo, ES... aunque todo se diluya entre mis dedos.
Nada es permanente y sigo siendo yo, con mis idas y venidas.
Nada es permanente y me cansé de entenderlo.

sábado, 23 de enero de 2010

Hilando fino

Una tarde como esta, en una calle de cinco esquinas y en la unión de unas baldosas a medio andar, el pequeño cordel esperaba la vista aguda que haga con él lo que el mundo precisa. Un detalle más que muestra la desprolijidad de un mundo que se deshace o la torpeza brutal de todo aquello que falta terminar.
Sin levantar sospechas y mirando a mí alrededor, busqué la manera de acercarme, estudié todos los ángulos (los claros y los oscuros); pensé y saqué cálculos, hasta improvisé un porcentaje de probables e improbables. Me alejé y me acerqué cuantas veces creí necesario; hasta que lo pisé con la misma fortuna que se pisan los chicles y el pequeño paso de un hombre inició la devastación de la humanidad. Aquel espiral que todo lo envuelve cavó un pozo con la profundidad de la desolación y el ruido de los vientos huracanados simularon sordera para los presentes. El paso de las estrellas cayendo del cielo para hundirse en el hoyo de oscuridad fueron un sueño, al lado del dolor que sentí al ver caer el mundo que conocí. Una hilera de edificios con miles de vidas dentro, los autos, las motos y trenes; hasta las salidas de los enamorados entre rosas y bicicletas. El olor, el color, el sonido y el tacto; todo desapareció.
Hubo un tiempo de sombra, hubo tiempo y más; hasta tiempo sin tiempo. Y a partir de ahí, viví estático, flotante e insípido; sin poder entender si él se había comido todo... o en el pozo estaba yo.

viernes, 15 de enero de 2010

Yo, tu, el, nosotros, vosotros y ellos también.

No existo, no figuro en ningún sitio. No pago impuestos ni atiendo sus llamados. Ni siquiera entro en los bancos. No acepto folletos en la vía pública, primero porque no me dejan tirarlos y segundo porque en los tachos de basura todo abunda. No miro televisión ni compro el diario; apenas mando un mail de vez en cuando, bajo el seudónimo de alguien que no conozco, simulando saludos; gestos y halagos. Pero me gustan las palabras (no en voz alta) prefiero susurrar o escucharlas de lejos, me gusta el eco, el sonido de los grillos y el olor del rocío mojando el pasto. Pero insisto, en algún momento dejé de existir. Quizás me aburrí o me fui sin dar aviso, quizás me perdí, me extravié y olvidé que necesitaba volver.
Por todo esto y más, si alguien recibe este mensaje, háganmelo saber. Pero estén atentos... quizás hoy, ya no sea yo.

miércoles, 13 de enero de 2010

Lazos

Un destino indefinido, poco referencial.
Un paisaje conocido, poco habitual.
Una desgracia en cuenta gotas y una acumulación de palabras que inunda la tristeza.
Una desilusión que se acerca, que viaja en la tiniebla y solo genera distancia.
Un chiste sin gracia; un final trunco.

La desolación hace mella cuando el suelo se diluye en un abismo.
Cuando somos uno mirando lo quedó. Hoy vivo con ella.
Aunque es la incertidumbre la que genera más dolor.